Última actualización en abril 1, 2025 por Sandra Burgos
El divorcio, aunque emocionalmente muy complejo, no tiene por qué ser sinónimo de conflicto ni de enfrentamiento. Existen formas de gestionar esta etapa vital con madurez, respeto y sentido común, especialmente cuando hay hijos en común o un proyecto de vida compartido que merece ser cerrado con dignidad.
- La importancia de un enfoque civilizado
Divorciarse de manera civilizada implica anteponer el bienestar de ambas partes, y especialmente el de los hijos, a las emociones del momento. No se trata de negar el dolor o las diferencias, sino de canalizarlas a través del diálogo, la mediación y el acompañamiento jurídico adecuado.
Optar por una separación tranquila no sólo favorece la salud emocional de quienes la protagonizan, sino que también reduce el desgaste emocional y económico y agiliza el procedimiento judicial. En muchas ocasiones, los divorcios, separaciones o rupturas de mutuo acuerdo permiten pactar todas las medidas relativas a hijos, bienes y pensiones, presentando una propuesta consensuada ante el juzgado o incluso ante notario, si no hay hijos menores o dependientes.
- Recomendaciones para un proceso sereno
- Elegir bien el momento y el tono del diálogo inicial.
- Acudir a un abogado o abogada especializado en derecho de familia, que sepa escuchar y orientar sin avivar el conflicto. El mejor letrado o letrada de familia es aquel que cuenta con una larga trayectoria, una formación especializada y que, además, es empático y busca lo mejor para toda la familia.
- Valorar la mediación familiar, cuando existan dificultades para llegar a acuerdos y medio obligatorio desde la reforma de la LO 1/2025.
- Cuidar la comunicación, especialmente ante los hijos, evitando culpabilizaciones o comentarios dañinos.
- Pensar en el largo plazo, buscando soluciones sostenibles y justas para todos.
- Tipos de custodia en España
Cuando hay hijos menores, uno de los aspectos clave del divorcio es la custodia. En el ordenamiento jurídico español existen distintas modalidades:
Custodia monoparental o individual
Es aquella en la que la guarda y custodia de los hijos se atribuye a uno solo de los progenitores. El otro mantiene la potestad parental y un régimen de visitas, además del deber de contribuir económicamente a su manutención.
Ambos progenitores ejercen la custodia de manera alterna y equilibrada. Los hijos conviven con ambos en tiempos similares, ya sea mediante turnos semanales, por días, etc.
Este modelo está cada vez más extendido y suele favorecerse si existe buena comunicación entre los progenitores, proximidad geográfica y un entorno estable para los hijos. Es importante recalcar que la custodia compartida no es automática, y siempre debe valorarse si es lo más beneficioso para los menores.

Conclusión
Divorciarse no tiene por qué ser una guerra. Con voluntad, asesoramiento adecuado y sentido de la responsabilidad, es posible cerrar una etapa de forma constructiva, estableciendo nuevas bases de convivencia y colaboración, especialmente cuando hay hijos en común. La clave está en el respeto mutuo, el diálogo y la búsqueda sincera del mejor interés familiar.
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