Una pareja acude a un despacho de abogados matrimonialistas. Quieren divorciarse, pero hay algo que no que no cuadra, que no es normal. Él quiere ceder sin ningún tipo de reparo todos los bienes a la que va a convertirse en su ex esposa hasta el punto de quedarse en la más absoluta pobreza. No quiere nada y, además, está completamente de acuerdo. Algo inusual cuando se produce una separación. Así es un divorcio de conveniencia. Detrás de la separación existe una maniobra para evitar los embargos y perder las propiedades. Una práctica que vive su esplendor en plena crisis.

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